Las fotos de grupo que siempre salen mal (y cómo solucionarlo con un truco sencillo)
Un invitado con los ojos cerrados, otro mirando al infinito… Estos son los consejos para que tus fotos de grupo de boda salgan perfectas
Las fotos de grupo son el eterno dolor de cabeza de todas las celebraciones. La idea parece sencilla: reunir a todos los invitados, sonreír y hacer clic. Pero la realidad es otra y muy diferente. Las fotos de grupo son difíciles de captar y la cosa empeora cuando hablamos de boda y ya hay copas de por medio. Gente descoordinada, poses más rígidas que un maniquí y caras que parecen de carné (eso si no salen cortadas). ¿El resultado? Una colección de fotos que no transmiten ni la mitad de la alegría del momento.
La buena noticia es que con unos trucos rápidos puedes pasar del desastre al éxito y conseguir unas fotos naturales, bonitas y llenas de vida.

Típicos fallos de las fotos de grupo
1. Caras cortadas
Y no, no hablamos de las fotos de fotógrafos profesionales sino de las fotos que echamos con nuestros teléfonos. Siempre pillamos a uno con media cabeza fuera. Es el clásico error de encuadre y suele pasar porque el fotógrafo improvisado no revisa bien el espacio.
2. Miradas dispersas
“¿Dónde miro? ¿A esa cámara o a la otra?” Esto suele pasar cuando hay más de una cámara enfocando y el resultado de la foto es que cada invitado parece estar en un mundo diferente. Unos mirando al fotógrafo oficial, otros al primo con el móvil y alguno despistado mirando al camarero que pasa.

3. Sonrisas forzadas
Después de cinco intento fallidos, la sonrisa ya no es lo que era en la primera fotografía. Ahora parece una mueca de cansancio que parece gritar “¿podemos dejar ya las fotos?”
4. Poses rígidas
Todo el mundo de pie en fila india, como si estuvieran en clase de colegio. Nadie se toca, nadie se mueve, todos serios… La espontaneidad.

Ojo, que en todas estas fotografías que ofrecemos todos los invitados salen guapísimos. Claramente, ellos ya conocen nuestros consejos.
5. Factor tiempo
Cuanto más se tarda en organizar la foto, más caras largas aparecen. Es como una ley universal porque a la tercera toma, la mitad ya quiere huir. Y ya no hablamos si es tu tía la del pueblo la que echa la foto. 3 horas para averiguar dónde está el botoncito y luego la echa sin flash y otras dos horas más para ponerlo.
Trucos rápidos para estas fotos
1. Mejor que se muevan
El mayor error es pedirle a los modelos que se queden quietos como estatuas porque el movimiento da naturalidad. Haz que se acerquen, que hablen entre sí, que se abracen, que rían… Las fotos saldrán más naturales y más bonitas.
2. Un fotógrafo líder
En este caso tendría que ser el oficial. Siempre que esté el profesional, los modelos deben mirarlo a él. Pero en caso de que todo sean móviles, es mejor designar a una persona como fotógrafo oficial y que todos miren a esa cámara.

3. Coloca bien el grupo
Olvídate de la fila recta. Es mejor hacer diferentes alturas, aunque parezcan un equipo de fútbol, así se genera dinamismo. Además, nadie quedará escondido.
4. Rompe el hielo
Un chiste rápido, una broma o un “todos con cara de sorpresa”, que lo de decir “patata” ya está muy visto. Eso ayudará a relajar y a sacar sonrisas auténticas. Nadie quiere verse en una foto con un gesto tenso.
5. No más de tres intentos
Si la foto de grupo no sale a la tercera, cambia de estrategia. Haz una versión divertida, como que todos levanten las manos con su copa, que saquen la lengua, que choquen las manos… Muchas veces la foto improvisada es la mejor.
6. Usa la luz a tu favor
Si es exterior, evita el sol directo para que nadie salga con los ojos cerrados o para que a nadie le lloren al aguantarlos abiertos. Mejor busca una sombra amplia y espera al atardecer, donde la luz es más suave y favorecedora.

7. Accesorios que ayudan
El ramo, una copa, un sombrero… cualquier objeto hace que las manos no estén colgando sin más, sin saber qué hacer con ellas. Además, ayuda a dar un toque más natural.
Al final, las mejores fotos de grupo no son las perfectas, sino las que transmiten lo que pasó en ese momento. Que uno salga con los ojos cerrados o que otro esté riéndose muerto de risa mientras uno mira al suelo no es un fracaso, es el realismo puro y duro de una buena fiesta.
