Tú decides: turbantes para bodas, ¿sí o no?
Ni el canotier, ni las flores, ni un pamelón. Las cabezas del momento se cubren con turbantes para ir de boda. Un toque exótico que además de facilitar el momento peluquería (es la mar de socorrido) trae un poco de aire fresco a los estilismos bodiles. Hasta que se convierta en plaga, claro…

Una de las primeras en colocárselo fue nuestra amiga Carrie, aunque no para ir de boda, sino para su bodrio segunda parte de SATC en el cine, a cuento de su aventura en el Oriente Próximo. La Palermo lo eligió para una presentación hace ya algunos años en Nueva York. Va a ser que al final los turbantes son de neoyorquinas de toda la vida…

Volviendo a nuestros asuntos bodiles, en principio puedo afirmar y afirmo que los turbantes son adecuados tanto para bodas de día como de noche, con vestido corto o largo (foto: 15 colgadas de una percha)

Tanto si es turbante entero como si no cubre toda la cabeza, el pelo debe ir siempre bien recogido por la zona del tocado, que al estilo Rachel Zoe parece que ha salido volando de la alfombra de Aladín.

Para bodas, queda genial el toque joya en la frente. Si el turbante no lo trae, solo hay que colocar un broche bonito y voilá!

Peeero como suele ser habitual, no todos los estilismos casan bien con un turbante. Si quieres apostar por lo seguro, huye de orientalismos (no hay que parecer recién salida de una película de Bollywood) y tira hacia lo retro, con guantes, tejidos ricos y cortes años cincuenta.

Si te he convencido, además te diré que la inversión en uno de ellos es razonable. Por ejemplo, este de Cherubina, que encontramos además en gris y en morado, cuesta 30 euros.

O este de Asos, con el detalle del velo (que todavía estoy pensando si es ideal o demasiado jaleo), rebajado de 17,14 a 11,43 euros.

Turbantes, monos… ¿hasta dónde llegará la revolución de la invitada perfecta?

Y tú, ¿te atreves?
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